Hombre, oh silueta eclipsada de sol
he de llorar en tus boreales saberes agridulces
pero hoy no, golpeado estoy en la ventisca
intacta del murmullo de mi cabellera
consternado, debilitado, tal vez vivo
hambriento de sed he de estar
cansado de caminar en la llaga de mi ingravidez
y sin hogar ni memoria falto de dolor
en posición fetal preparo mi ritual
de plegaria y, un frío azul se avecina
En mi cantar binaural a la noche pregunté
¿qué ha sido del sol que ayer me quemaba?
pero ella, tan hermosa en su lejana quietud
me derribó con su rechazo de palabra
en la cima de mi ferocidad de árbol, y hoy,
en silencio, sigo esperando al anciano sabio
que algún día en una fogata frente a la última
constelación de mi párpado me diga, que aún vivo
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