¿Y qué es el pétalo si no un beso jamás recogido?
¿y el vértigo? ¿qué es sin alguien que juega
a tener miedo en los telares de la insensatez?
y si el viento, y si tu abuela, y si tu mano
no se mueven,
¿por qué no preguntar si jugamos a ser humanos
y reímos cada que la lágrima de una pésima actriz
calla los zumbidos?
¿Y si la ventana es todo lo que tengo para
que me crean que veo?
pero
¿y si no he de ser yo quien está aquí en un siempre?
quizá el tiempo es quien me niega en cada mirada
bajo el telón
¿Qué demonio soy?
Grité con un angustioso pésame
a Freud compungido a mi costado por mi propia humanidad
Grité con un angustioso pésame
a Freud compungido a mi costado por mi propia humanidad
¿si todo es sexo, por qué yo no lo veo?
y una artrítica caricia es la respuesta
que mi pierna fría recibe,
quizá soy el genio maligno que aterrorizaba
a Descartes en sus noches de vigilia solipsista
abrazando con entera estupidez a su mejor amiga
la lágrima negra que hoy vocifera
¿Y qué haremos si ya es tiempo
de ser más acróbatas y más lauderos?
tal vez es hora de ungir a nuestra abuela
en su pavor de lecho
ya es hora de bailar en la nada
y
al responder cuando mi nieto me pregunte:
¿qué se siente sufrir el corazón de otro
y usurpar su tiempo de vida?
quizá diré:
se siente ser un fantasma miserable
pero
el me robó mi muerte
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