martes, 12 de mayo de 2015

El juego de la ruleta

¿Cómo he de llamar grandeza a la bravura de mi corazón,
si sólo lloro y río cuando pienso que está bien?

Ya no soy un hombre de familia,
ahora vivo acampando en la noche de mis sábanas y,
pensando en ella
cada que un desconocido canta sus canciones,
en la esquina de mi cuarto

Porque no soy más ese juvenil
que se aterrorizaba de la vida y del amor
ahora sé que tengo un nombre y una madre,
no me arrastro tembloroso en el suelo sucio bajo mi cama,
buscando encontrar en los llantos de las sombras
lo que jamás he tenido

El cabello ya no me creció y,
las esperanzas de barba se disiparon,
soy un hombre dicen algunos,
pero yo no estoy seguro
de quién es ese hombre que conocen

La sueño tanto, que a veces olvido que
tengo una vida en la que hay que salir de la cama,
mover las piernas y saludar a las personas,
que los libros se leen y no sólo se abrazan,
que mi alma teme a la muerte y mis ojos se cansan

Lo lamento,
mi guitarra en las noches llora sola y
no sé como consolarla,
pues estoy tan ocupado pensando en ella,
que olvido que tengo hambre, tengo madre y,
que soy un niño que ya sabe leer,
no sé si este cuerpo sea de hombre,
pero en lo que a mí respecta,
acabo de darme cuenta que estoy dormido





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